El Correo Ilustrado

Son las 7:17 de la mañana. Preparé el desayuno siguiendo los rituales cotidianos. Con la lentitud que exige el saberme jubilado, me desplacé a la velocidad que permiten mi edad y la comodidad de mis viejas babuchas, siempre guardando un silencio expansivo, para no despertar a la más güevona de la family… mi esposa. Me muevo en mi reducido dormitorio sin ventanas, como flotando en el calor y los olores de mi vejez, que se esconden en las cobijas, compradas hace años con el señor Rosas, eterno vendedor en abonos de mi barrio: la colonia Sección XVI, en Tlalpan. Ya visitada la cocina, con mi charola engalanada por fruta, queso, un trozo de pan con mermelada y un café que juega a ser fantasma, y con la velocidad que me permite la palabra amodorrado, me sitúo frente a mi computadora, la cual prendo sólo para navegar buscando mi periódico de siempre: La Jornada. De pronto, como sorpresiva mentada de madre, en su portada aparece una noticia: “Pensiones vitalicias hasta de 500 mil pesos al mes en Pemex y CFE”. Mi rostro se transforma, mis arrugas se encabronan y en el silencio oscuro de mi dormitorio, sólo exclamo: ¡Ay, güey… qué poca madre!

Источник https://www.jornada.com.mx/2021/09/25/opinion/002a2cor?partner=rss

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